Un pequeño de 10 años se acercó al movilero Roberto Funes Ugarte durante un vivo del programa “A la Barbarossa” (Telefe), habló de sus ganas de ser Ministro de Economía y expresó su deseo de conocer al presidente Javier Milei.
La panelista Mariana Brey intercedió, y de manera sorprendentemente rápida, el niño terminó saludando desde el balcón de la Casa Rosada junto al mandatario y su hermana Karina.
Pero hay un detalle que los medios omiten: en ese mismo móvil, el niño Pedro hizo un encendido discurso que reproduce fielmente la violencia política instalada por el oficialismo.
“La libertad ¿Por qué? ¿Por qué? La motosierra significa que esta cortando a la mitad el kirchnerismo y el peronismo. Y a la mitad, eso significa, si cortás a la mitad y sacás la piel del peronismo y del kirchnerismo, adentro tenés la libertad, la libertad de hacer todo lo que quieras.”
La frase, dicha con la convicción de un pequeño adoctrinado en el odio, evidencia una problemática mayor: ¿qué hace un niño de 10 años repitiendo un discurso tan crudo y agresivo?
Difícilmente pueda haber generado semejante construcción ideológica por sí solo. Todo indica que fue inducido por algún adulto, replicando la retórica del propio presidente Milei y su espacio político.
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Un encuentro demasiado perfecto
Pedro, que asistía junto a su madre y su padre al acto por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas en Plaza San Martín de CABA, se acercó a ‘Robertito’ Funes Ugarte y comenzó a dialogar en vivo con el periodista. Sorprendido por la fluidez de su discurso político y su fanatismo por Milei, el movilero decidió enfocarse en él.
El niño, además, lanzó una petición directa: “Karina Milei, ¿algún día podría conocer a Milei? Sería mi sueño, por favor, Karina, te lo pido de brazos cruzados”.
En cuestión de minutos, la panelista de tendencia oficialista, Mariana Brey, alentada por su colega Analía Franchín, se comunicó con el vocero presidencial Manuel Adorni y, como por arte de magia, el deseo del niño se hizo realidad.
Una velocidad de gestión inusual para la burocracia estatal pero completamente funcional a la construcción de una escena con alto impacto mediático y viralizable en redes.
De la Plaza al balcón de la Rosada
Con Funes Ugarte como testigo privilegiado, Pedro y su madre fueron conducidos hasta Casa Rosada. Al principio, solo ingresaron ellos dos, pero luego “se permitió” que el periodista también fuera parte de la “gran sorpresa”.
El niño, visiblemente emocionado, abrazó al Presidente con lágrimas en los ojos y hasta saludó junto a él desde el icónico balcón.
En su conversación con Milei, Pedro le contó detalles arquitectónicos de la Casa Rosada y el mandatario le respondió con anécdotas personales y la información de que ese mismo día viajaría a Estados Unidos.
Mientras tanto, su madre, Carmen, licenciada en nutrición, aseguró estar orgullosa de su hijo y de su interés por la actualidad política. Aclaró, sin embargo, que en su casa no hay fotos de políticos. Sin embargo, sus palabras contrastan con el nivel de discurso que el niño sostiene y con la agresividad de sus declaraciones.
Un acto espontáneo o una estrategia mediática?
Si bien el episodio fue presentado como una casualidad fortuita, la rapidez con la que se gestionó el encuentro, la intervención de Mariana Brey y la inmediata respuesta de Manuel Adorni despiertan sospechas.
Todo pareciera indicar que se trató de un montaje cuidadosamente elaborado para generar repercusión, con un niño que funcionó como la cara amable de un mensaje profundamente violento.
El hecho de que un menor de edad exprese con naturalidad la idea de “despellejar” simbólicamente a sectores políticos opositores es un claro reflejo del tono que se impone desde el oficialismo.

No solo se validan estos discursos en los adultos, sino que se fomentan en las nuevas generaciones. Lo que Pedro dijo en televisión, emocionado y convencido, es lo que muchos adultos repiten sin filtros en la arena política. La diferencia es que, en este caso, el mensaje vino envuelto en la inocencia de un niño, lo que hace aún más preocupante la situación.